(Entrevista RICARDO CERDA, Redacción MARCO ALVIAL)

El abandonado edifico de la Escuela Uno de San Antonio se construyó entre los años 1957 y 1959, en reemplazo del antiguo colegio ubicado en calle Arturo Prat, en los faldeos del cerro Alegre de la ciudad.

Patricio Rojas, quien fuera alumno en los primeros años de vida de la escuela nos relata su experiencia en dicho lugar.

Rojas recuerda que en aquella época los alumnos usaban un “overol” de color crema, también llamado “mameluco”, una especie de sobretodo de una sola pieza el cual era muy similar a los trajes de los pilotos de avión.

“Comprábamos dulces en la pastelería Paty, un negocio ubicado en la subida de la calle Prat y que tenía una vistosa escala”, recuerda.

«Con el pelo cortito y peinado con gomina marca Brancato, siempre llevábamos dentro de un gran bolsón de cuero, colagado con una gruesa correa del mismo material, un membrillo que golpeábamos en las paredes de las casas que se encontraban camino a la escuela».

“Si el profesor te daba un coscacho, mejor ni contarlo en la casa, porque te llegaba otro. En esos tiempos, el maestro siempre tenía la razón, y se le respetaba muchísimo” cuenta Patricio, quien se dedica a la investigación histórica de San Antonio.

Actividad paranormal

Rojas cuenta que aquel edificio de 2 pisos, contaba además con un subterráneo, donde eran enviados los alumnos que se portaban mal. “Al bajar, uno se encontraba con una fría y oscura escalera, que daba mucho miedo. Había una sala que ocupaba el profesor de Ciencias Naturales, Pedro Ramírez, quien mantenía una colección de mariposas y un esqueleto humano, para enseñar anatomía” recuerda, el ex alumno.

El historiador sanantonino relata que en ese lugar se escuchaban muchos ruidos extraños, y que a los niños les daba mucho miedo estar allí.

“Recordemos que la escuela fue construida en parte del sector que fue literalmente sepultado por el derrumbe del cerro Centinela, en el terremoto de 1906, en donde además murió mucha gente aplastada bajo las toneladas de arena y tierra”

Patricio Rojas, reflexiona sobre la tragedia y enlaza la supuesta actividad paranormal con aquel hecho, en donde los espíritus de los fallecidos quizás rondaban por el inmueble sin encontrar descaso eterno.