El protagonista de una historia que tuvo lugar en Victoria, Entre Ríos, asegura que está vivo de milagro y que su perro se llevó la peor parte. Conocé qué le pasó a Modesto «Cota» Colman, un ganadero de la zona.

Este caso sucedió el 16 de octubre de 1992 en Victoria, Provincia de Entre Ríosy es uno de los eventos más significativos de la ovnilogía nacional. Su protagonista principal fue Modesto “Cota” Colman, un ganadero de la zona que en ese tiempo cuidaba un campo aledaño a su chacra. Una propiedad sobre el rio de un carnicero local de apellido Spindola.Según pudieron reconstruir los investigadores, esa noche Colman se olvidó de cerrar el molino de viento dedicado a la extracción de agua potable para los animales. Aproximadamente a las diez y media, el hombre caminó a la enorme estructura. A pocos metros, un enorme tanque australiano reflejaba una perfecta noche estrellada.  

Ya en ese momento los reportes de luces sobre la Laguna del Pescado eran comunes y cada vez más gente dedicaba sus tiempo a mirar al cielo con la ilusión de tener su propia experiencia. Colman no creía en ovnis ni extraterrestres, decía que eran, según sus propias palabras: «un bolazo». Esto lo cuenta la investigadora Silvia Pérez Simondini, la persona que más conoce la historia y que tuvo la amabilidad de recibir a Crónica en su casa de Victoria hace pocas horas nada más.

Volviendo a la historia, se encontraba Colman apoyado en el borde del tanque australiano fumando un cigarrillo cuando de pronto, se le iluminó la zona «como si fuese de día». El hombre levantó su cabeza hacia el cielo y quedó atónito. A es casos metros flotaba en el aire un objeto discoidal de unos 10 metros de diámetro. Poco después contó que sintió la sensación de que su cuerpo se había achicado «como un muñequito».Hombre de campo, instintivamente sacó su facón desde atrás de su cintura para defenderse. En ese momento y por algo que parecía ser una escalerilla, comenzaron a bajar tres seres muy pequeños. Cuenta la investigadora Pérez Simondini que los definía «como garcitas, muy blancos, y muy iluminados». El hombre, ahora si, muy asustado, solo atinó a gritar: «vaya Mierda!».

En ese instante desde el objeto, alguien o algo comenzó a lanzar algún tipo de haz de luz. Colman atinó a esconderse detrás de un árbol Tala que se movía en círculos. Uno de estos «rayos de energía» impactó contra el árbol y le quema la cara al asustado hombre. Otra línea de luz impacta sobre Siroco, su perrito. Este comenzó a girar como un trompo y poco después cayó muerto.

Colman se escapa del lugar como puede, arrastrándose por el pasto, dejando las alpargatas en el campo. La camisa rota y quemada, rasgada por los alambres de púa, quedó como evidencia del notable suceso. Cuando llega a su casa, quiso mirarse al espejo, y se dio cuenta que casi no veía, y se puso a llorar. 

El caso Colman dejó toda clase de evidencias: el árbol quemado, las cicatrices en el rostro del hombre, la camisa quemada del mismo modo y la huella del objeto de unos 8 metros en forma de herradura. Y claro, la pequeña mascota muerta, porque un rayo proveniente de un plato volador le dio de lleno.